10.53: Escribo este poema en la cama. Tomo mi té.
10.45: Me ducho. Pienso en todo lo que hice hoy. Decido escribir sobre eso.
10.42: Subo la escalera
10.40: El té hierve. Sirvo una taza.
10.30: Prendo la cámara. La ubico para tomar el camino a la cocina. Bailo en espiral hacia la taza que está en la mesada. Elijo una música.
10.26: Pongo a calentar el te de tilo. Me va a ayudar a bajar este día.
Este día empezó ayer a la noche y no se detuvo siquiera a la madrugada:
Vos dormís. Cojimos como locos. Quería cojer hasta que se me salga el cerebro. Nos deseamos tanto.
Cierro las cortinas. Apago las luces. Me pongo el piyama. Vos seguís durmiendo.
Vos despertás. Estás charlatán. Querés otra vez. Yo no. Querés sin forro. Yo no.
Discutimos. Silencios incómodos. Las palabras lo son aún más. Hieren como gotas de aceite caliente.
Me pedís que te abra. Te vas sin saludarme.
Medio vestida, medio en piyama. Coloco flores de tilo en la tetera. Hierve el agua. Hierve sola en la oscuridad silenciosa.
La infusión me ayuda a dormir pero más lo hace mi abatimiento. El cuarto está caluroso y oscuro. Me abraza en esta noche repleta de huecos por donde se cuelan preguntas y angustias como si mi cabeza fuera un techo de chapa agujereado.
Despierto y la oscuridad del cuarto me confunde. Es muy temprano. Me aprieto en las sábanas que tienen olor a vos. Eso también me confunde.
Te escribo. No me gustan las peleas. No me gustan los enojos, ni los silencios, ni los cortes bruscos. Me apaciguo y te busco ahí.
Un par de horas a solas. Desayuno. Ordeno mis poemas. Espero. Te espero.
No te voy a encontrar más. Te fuiste a miles de millones de años luz. Desde tu monte ahora sos vos el que ordena. No suena bien. No suena cierto. Pero es real. Me despido de vos. Para siempre.
Entro en mi piel de madre. Abrazo. Respiro. Cocino. Calmo. No juego. Estoy triste y quiero llorar.
Hablo con Andrea. Me tranquiliza. Me hace reír y me ayuda a restaurar mi cordura. Me da "poder" como decimos nosotras. Nena, ahora empezá la "soltación". Inventamos palabras para ponerle nombre a estos procesos de encontrarnos y desencotrarnos con otros.
Vamos a lo de Gimena. Los nenes juegan, nosotras hablamos de todo. Ponemos Juan Luis Guerra. Cantamos a los gritos y bailamos. Veo otras cosas. Veo que soy demasiado directa. Veo que no te dejé escapatoria. La velocidad de todo también fue por mi culpa. Pero está bien. Rápido está bien. No me daban ganas de verdades a medias.
Arreglamos para ir a bailar salsa. Me pongo una de sus vinchas y hacemos fotos. Nos divertimos. Me gusta mucho como me veo y me siento de nuevo bien. Confío en mí poder.
En casa. Baño, sopa, cuento. Silencio al fin para esta alma.
Tengo un revoloteo en todo mi ser. Necesito bailar ya mismo. Lo hago mientras espero mi té de tilo.
Bailo para olvidarme que lo amé lo que duró esto.
Bailo hoy. Mañana viernes bailaré y el sábado también. Bailaré hasta que me salga el cerebro escupido en pedacitos.
Voy a remediar esto bailando. Moviendo. Circulando. Y tomando mucho té.
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